El diablo viste a la moda: la película que nos spoileó la vida laboral (y por eso la seguimos amando)

En medio de todo el boom por la esperada secuela de The Devil Wears Prada, me puse a pensar que, a pesar de ser una película de hace casi 20 años, sigue en nuestros corazones como si fuera ayer.

Créditos: Creado con imágenes de Pinterest

A mi parecer, conecta mucho más con la generación millennial, porque fuimos criadas para enfocar nuestra vida en el trabajo: en ser buenas en lo que hacemos, lograr metas, desarrollarnos profesionalmente, y en que, por fin, las mujeres sintiéramos que el trabajo es parte de nuestro crecimiento personal y de quienes somos. Nos formaron con la idea de que “lo puedes hacer todo”.

Y es que, si bien para quienes amamos la moda es una película icónica, TDWP se trata de… sorpresa: trabajar, trabajar y trabajar. Lo siento si te rompo la fantasía, pero más allá de la ropa, muestra las relaciones de poder, los roles y cómo la pega impacta tu vida personal, entre muchas otras cosas.

La verdad es que trabajar en moda es HERMOSO, pero al final del día sigue siendo un trabajo. La meta es vender, y detrás de toda la fantasía hay presión y números. Creo que puedo empatizar con todos los personajes; de hecho, a la mayoría los he conocido en mi vida profesional. 

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Miranda

Es esa jefa que te lleva al límite, porque a ella también le tocó vivirlo así. Cree que es más fácil liderar del miedo, que desde el respeto. De hecho, suele confundir ambas cosas, porque su mentalidad es bastante arcaica. Por lo mismo, cada vez que intentas demostrar que sabes algo que ella “no maneja”, se siente un poco amenazada.

Ahora, convengamos que Miranda Priestly está en una posición de poder donde puede hacer y deshacer, donde es escuchada tanto por quienes están arriba como por quienes están abajo y eso lo ganó con resultados. Es alguien de quien siempre vas a aprender algo, por las buenas o por las malas. Sin duda será parte de tu desarrollo profesional, porque te enseña quién quieres ser, y quién no. 

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La diferencia entre países desarrollados y Chile es que las Mirandas de afuera suelen abrir espacios y no temen mencionar tu nombre de manera positiva. Las de acá que son así, se cuentan con los dedos de una mano. Y, en parte, lo entiendo: para muchas mujeres llegar a cargos altos es muuuuy difícil, casi imposible, y eso genera una sensación constante de amenaza frente a lo que tanto les costó construir.

Dato aparte: Anna Wintour sí abre puertas a quienes trabajan con ella. En entrevistas a sus antiguas asistentes, varias cuentan que fue ella misma quien les buscó nuevos espacios en Vogue, porque sentía que ya habían aprendido lo suficiente. Una verdadera mentora, y sueño de jefa, encuentro yo.

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Emily

¡Ay, cómo la quiero! Es esa persona que sacrifica su vida  -y muchas veces su salud mental- por alcanzar la meta profesional que sueña. ¿Cuántas Emilys he conocido? Pocas. Y, la verdad, me parece bien. Yo misma he pasado por momentos de ansiedad, sacándome pedazos de dedos por cosas que, en perspectiva, no valían la pena.

Siempre hay que preguntarse: ¿estoy salvando al mundo? No. Entonces, muchas cosas pueden esperar al día hábil siguiente. Sé que Emily no es el personaje más amable, pero en la pega vas a encontrarte con mil formas distintas de aprender, y no todas serán tan amables como esperabas. 

Emily Charlton es eso: la compañera que está cansada de hacer inducciones, pero que, cuando estés colapsando, se va a reír, y después te va a ayudar. Muchas veces hace tanto que su entorno la da por sentada o no la reconoce como espera. Esperemos que todo trabajo tenga su recompensa y que esto lo veamos en la secuela. 

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Andy

Amo a Anne Hathaway y creo que es de las personas más hermosas que pisan esta tierra. Pero no sé cómo explicar lo poco que soporto a su personaje 20 años después. El 10% que rescato es porque she’s a fashion icon y listo.

Es la típica persona que se queja todo el tiempo, que intenta quedar bien con todos y que no tiene límites claros al momento de perseguir lo que quiere. Y ojo: con límites no me refiero a hacer tareas de las hijas de Miranda, sino que a los personales. Hay gente que separa su vida laboral de la personal (yo incluida), y me parece perfecto. Pero es muy distinto a pasar a llevar tu ética, tu crianza y tus valores.

Y no, no hablo del viaje a París. Creo que, cuando aparece una oportunidad en el trabajo, lo importante es pensar en ti: no elegiste que llegara, pero sí cómo responder a ella. Lo que no entiendo es por qué cambia tanto su forma de actuar, sobre todo cuando en el fondo no quiere estar ahí. Es como: amiga, búscate un problema honesto.

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Nate

Lo que mejor lo define es: HOMBRE. Es ese amigo, papá, hermano o pareja que se siente amenazado cuando una mujer tiene un propósito que no gira en torno a él. El típico que dice que te va a apoyar en todo, pero cuando te empieza a ir mejor, aparecen los peros y los conflictos inventados.

Mira, Nate: mi marido estaba feliz de que yo fuera a ver a Bad Bunny a otro país, justo para su cumpleaños 40, aunque eso significaba celebrarlo sin mí. Así que tú perfectamente podrías haberte comido ese cupcake, qué bien rico se veía, que te trajo más tarde Andy porque estaba en una gala soñada, conociendo gente de la industria.

Las oportunidades a veces pasan una sola vez, y lo mejor es rodearte de quienes te hacen barra cuando eso ocurre.

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Nigel

Te quiero mucho. Todos los espacios de trabajo necesitan a alguien como tú. Agradecimientos públicos a todos los Nigels que he conocido.

Son esos “dinosaurios” de la empresa: serios, pero siempre con una palabra de aliento -a su manera- cuando estás en un hoyo y no sabes cómo salir.

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Después de todo este análisis, solo puedo seguir agradeciendo a TDWP. No solo me enseñó de outfits y moda, también me hizo un trailer del mundo laboral y de situaciones que jamás pensé vivir.

Como dicen por ahí, la realidad siempre supera la ficción, solo espero que el guión de mi vida también incluya las botas Chanel.


Ale Dames

Diseñadora Gráfica e influencer

https://www.instagram.com/aledames/?hl=es
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