En este producto sí vale la pena gastar más: No me basta con decirte qué, me gusta explicarte por qué
¿Alguna vez has estado a punto de comprar un producto de skincare que encuentras un poco caro y piensas: "Igual me tinca, pero realmente no sé si vale la pena gastar esa plata en este producto"?
Bueno, aquí te tengo una respuesta que puede ayudarte en situaciones como esta, y es entender dónde sí vale la pena gastar más presupuesto en tu rutina de skincare y dónde puedes ahorrar.
Y la respuesta corta es: en los sérums. Spoiler: no tiene que ver con la textura.
Los sérums son productos formulados específicamente para abordar preocupaciones concretas de la piel, como las arrugas, la flacidez, el acné o las manchas. La diferencia está en la formulación.
¿Sérum o crema?
Y aquí hay algo importante: la diferencia entre un sérum y una crema no está en que uno sea líquido y el otro sea crema, está en cómo fue diseñada su fórmula. De hecho, hoy existen incluso sérums en barra o con otras texturas que siguen siendo sérums por la manera en que fueron formulados.
Las cremas están construidas principalmente sobre una base de ingredientes oclusivos. Los ingredientes oclusivos son moléculas que permanecen sobre la superficie de la piel formando una película protectora. Su función no es tratar una arruga, disminuir una mancha o estimular la producción de colágeno.
Su función es reforzar la barrera cutánea, evitar que el agua se evapore y mantener sobre la piel los productos que aplicaste antes. Como una parte importante de la fórmula de una crema está destinada a cumplir esa función, queda menos espacio para incorporar grandes concentraciones de principios activos.
En un sérum ocurre justamente lo contrario. Al contener muchos menos ingredientes oclusivos, la fórmula tiene mucho más espacio para incorporar principios activos y también para desarrollar vehículos y sistemas de formulación diseñados específicamente para favorecer la penetración de esos principios activos en las capas superficiales de la piel, algo que sería mucho más difícil de lograr si la formulación contuviera una gran cantidad de moléculas oclusivas.
Ese es, justamente, uno de los principales objetivos con los que se diseña un sérum.
¿Y qué son los principios activos?
Son los ingredientes que realmente buscan producir un efecto específico sobre la piel. ¿Y por qué suelen ser más caros? Porque ingredientes como la vitamina C, el retinol, muchos péptidos o algunos antioxidantes tienen costos de desarrollo y fabricación mucho mayores que los ingredientes que simplemente forman la base de un producto. Por eso hace sentido que un buen sérum también tenga un precio más alto.
Pero esa no es la única razón por la que un buen sérum puede costar más. Los sérums, al contener altas concentraciones de estos principios activos, también suelen ser mucho más propensos a la inestabilidad producida por la luz, el aire o incluso por la mezcla de ciertas moléculas.
Por eso, detrás de un buen sérum suele haber bastante tecnología: envases airless, formulaciones con un pH muy específico, sistemas de delivery hacia la piel, moléculas encapsuladas, tecnologías de slow release y envases que impiden que entren la luz y el aire.
Todo eso permite que los principios activos se mantengan estables durante más tiempo y, por lo tanto, sean eficaces durante más tiempo. Y, por supuesto, todo eso también termina encareciendo el producto, (en la columna pasada ya hablamos del símbolo PAO y de la importancia que tiene una vez que abrimos un producto).
No se trata de tener un solo sérum
Pero hay otra razón por la que creo que muchas veces conviene invertir más dinero en los sérums: muchas veces tiene más sentido invertir en dos o tres sérums distintos que respondan a necesidades diferentes de tu piel, en lugar de destinar todo tu presupuesto a uno solo, para poder ir alternándolos para cubrir todas las necesidades de la piel. No solo entre el día y la noche, sino también entre distintas noches.
Por ejemplo, con el retinol no necesariamente es mejor usar más cantidad o usarlo todas las noches. Lo importante es utilizarlo en las cantidades y con la frecuencia adecuada. Como su efecto sobre la piel continúa incluso después de aplicarlo, perfectamente puedes alternarlo con otros principios activos en las noches siguientes, como algunos ácidos exfoliantes.
Así, en lugar de gastar todo tu presupuesto en un solo sérum, muchas veces hace más sentido invertir en dos o tres que respondan a necesidades distintas de tu piel.
Dónde puedes ahorrar sin sacrificar (tanto) en resultados
Cremas. Con las cremas ocurre algo diferente, y quiero ser bien clara en esto: no estoy diciendo que las cremas sean menos importantes. De hecho, cumplen una función fundamental dentro de una buena rutina de skincare.
Como vimos antes, las cremas están formuladas principalmente sobre una base de ingredientes oclusivos, como siliconas, petrolatos o ceras, naturales o sintéticas. Todos estos ingredientes, además de ser bastante más baratos que muchos principios activos, permanecen sobre la superficie de la piel formando una barrera protectora.
¿Y para qué sirve esa barrera?
Sirve para disminuir la pérdida de agua, reforzar la barrera cutánea y, sobre todo, mantener sobre la piel los productos que aplicaste antes, especialmente el sérum.
Y justamente por eso, las cremas y los sérums no compiten entre sí: cumplen funciones distintas y, en una buena rutina, se complementan.
Por eso, una crema no necesita contener una enorme concentración de principios activos para cumplir muy bien su función. Con esto no estoy diciendo que una crema de $5.000 funcione exactamente igual que una de $50.000.
Pero la diferencia entre ambas suele ser bastante menor que la que puedes encontrar entre un sérum de $5.000 y uno de $50.000. Con los limpiadores faciales ocurre algo parecido.
Limpiadores
Existen limpiadores de todos los rangos de precio, pero la enorme mayoría está diseñada para limpiar la piel y luego enjuagarse. Como permanecen muy poco tiempo sobre la piel, su capacidad de producir cambios importantes suele ser bastante menor que la de un sérum.
Por eso, más que fijarte en cuánto cuesta, yo me preocuparía de que sea adecuado para tu tipo de piel, que no te deje sensación de tirantez y que no la deshidrate.
Y el dinero que ahorres ahí perfectamente puedes destinarlo a comprar un mejor sérum o, incluso, a tener dos o tres sérums distintos para ir alternándolos.
Protectores solares
Con el protector solar pasa algo similar. Hoy existen formulaciones muy elegantes, livianas y agradables de usar en prácticamente todos los rangos de precio. Muchas veces la diferencia de precio se explica porque incorporan ingredientes adicionales, como despigmentantes o antioxidantes, o simplemente porque pertenecen a marcas dermocosméticas.
Pero perfectamente puedes encontrar un protector solar económico, agradable de usar y que proteja muy bien tu piel. Porque, al final, lo más importante es que sea un protector solar que realmente quieras usar todos los días.
Las excepciones que confirman la regla
Ahora bien, entender que los sérums son el paso donde más vale la pena invertir no significa que cualquier sérum caro sea una buena compra.
Siguen existiendo muchos sérums que son, básicamente, agua, ácido hialurónico, glicerina, aloe vera u otros ingredientes que simplemente no son caros.
Y, por otro lado, existen ingredientes muy caros, como el oro, que hoy no tienen evidencia científica sólida que demuestre beneficios relevantes para la piel y que, aun así, encarecen de forma innecesaria —y, a veces, estratosférica— el precio del producto.
Por lo tanto, cuando un sérum está compuesto principalmente por ingredientes muy baratos o cuando su precio está inflado por ingredientes llamativos, pero sin evidencia científica sólida, probablemente no valga la pena pagar tanto por él.
El ácido hialurónico es un muy buen ejemplo. Es una molécula que encontramos en una enorme cantidad de productos de skincare y cuya principal función es atraer y retener agua en la piel. Es un excelente ingrediente, pero también es un ingrediente relativamente accesible. Por eso, si un sérum basa prácticamente todo su valor en contener ácido hialurónico, probablemente no justifique un precio excesivamente alto.
Y ese es justamente el tipo de cosas en las que vale la pena fijarse antes de comprar.
Al final, no es necesario tener una rutina de skincare como la de Kim Kardashian, que cuesta más de 4.000 dólares, para tener una rutina realmente efectiva.
Porque una buena rutina de skincare no consiste en comprar siempre lo más caro. Consiste en entender qué estás pagando y decidir, con esa información, dónde realmente vale la pena invertir tu presupuesto.
Porque gastar más no siempre significa comprar mejor.