¿En qué momento dejó de bastarnos tener una piel sana?

Tantos años hablando de skincare para terminar cayendo en el cliché más viejo del mundo: no valorar algo hasta que empieza a fallar. Y para más remate, me tocó comprobarlo en mi propia cara.

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 Llevo años probando nuevos ingredientes, fórmulas y tecnologías para mejorar mi piel, y a veces se me olvida algo bastante básico: que una barrera cutánea que funciona bien ya es un objetivo cumplido.

 Y lo curioso es que, cuando se trata del resto de mi cuerpo, esto me parece de lo más evidente. Sé que comer bien, hacer ejercicio, tomar agua y dormir lo suficiente son algunas de las cosas que puedo hacer para mantenerlo saludable. A mi sistema digestivo, por ejemplo, no le pido que se reinvente cada tres meses ni que me sorprenda con resultados visibles. Con que funcione como corresponde, estamos.

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 Pero con mi piel parece que las reglas son distintas. Siempre quiero un poquito más: más luminosidad, menos textura, más firmeza. Siempre hay algún ingrediente nuevo que probar o algo que podría mejorar.

 Este año, entre el estrés y distintos procesos personales, mi barrera cutánea ha pasado por momentos bastante complicados. He tenido que reducir muchísimo el uso de retinoides y ácidos exfoliantes, a veces dejándolos completamente de lado, para concentrarme en lo básico: limpieza suave, hidratación y protector solar.

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Los productos menos sexies del skincare. Esos que quizás no protagonizan las promesas de marketing más espectaculares, pero que hacen buena parte del trabajo pesado.

 La barrera cutánea es nuestra primera línea de defensa frente al exterior: limita la pérdida transepidérmica de agua, dificulta la entrada de sustancias irritantes y microorganismos y ayuda a mantener el equilibrio necesario para que la piel funcione correctamente. Y eso es solo parte del trabajo. La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo y participa, además, en la regulación de nuestra temperatura, la percepción de estímulos y la respuesta inmunitaria. Funciones esenciales que, cuando todo anda bien, ni siquiera notamos que están ocurriendo.

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Y no es que no supiera todo esto. Lo sabía perfectamente. Pero parece que una cosa es conocer la importancia de algo y otra muy distinta es apreciarlo cuando funciona bien.

 ¿Significa esto que ahora soy una persona minimalista que va a tener solo tres productos en su rutina? Por supuesto que no. De hecho, todo lo contrario. Lo único que quiero es que mi barrera cutánea vuelva a funcionar como corresponde para poder retomar mis retinoides más power y mis ácidos exfoliantes favoritos con la constancia de antes. 

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Entendí la lección, pero tampoco exageremos.


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