¿La lencería también puede ser parte de una moda más consciente?
Hay algo que más de alguna vez me han preguntado cuando hablo de vestuario consciente: "¿Y tu lencería también es de segunda mano?". Casi siempre viene acompañada de una sonrisa o una pequeña risa, como una curiosidad inevitable.
La respuesta es no. Pero siempre me ha parecido interesante que aparezca esa pregunta, porque demuestra que cada vez más personas están ampliando la conversación sobre cómo consumimos ropa. Ya no se trata solamente de las prendas que mostramos al mundo, sino también de aquellas que forman parte de nuestra intimidad.
Cuando buscamos alternativas más conscientes, la lencería suele quedar fuera de la conversación. Tal vez es porque existen pocos emprendimientos dedicados a este rubro y no siempre es sencillo encontrar opciones confeccionadas a mano.
Por eso me alegró descubrir a @Mimadas.lenceria. Sus diseños me recordaron a esos modelos clásicos; delicados, con pequeñas cintas y detalles sutiles que parecen de otros tiempos. Además, tienen algo que personalmente agradezco muchísimo: sostenes de tela, sin espumas ni rellenos, una preferencia muy personal.
Quise compartir este emprendimiento con mi comunidad @reviviendomilprendas, pero no de la forma habitual. Sentía que podía existir otra manera de hacerlo, una que hablara más allá de la palabra.
Así nació ¿Un maniquí?, una pieza audiovisual que hoy pueden encontrar entre los videos fijados de mi cuenta de Instagram.
Más que una presentación de productos, quise construir un pequeño relato donde el vestuario acompañara situaciones y sentimientos. Una historia íntima, donde la ropa no fuera protagonista por sí sola, sino parte de algo más profundo.
Y curiosamente, todo comenzó con una canción. Soy una gran admiradora de Natalia Lafourcade. Su música me acompaña desde hace años y, mientras imaginaba este proyecto, no podía dejar de escuchar “Apertura cancionera”. Por eso, durante toda la grabación, la canción sonó de fondo una y otra vez. También acompañó al video final.
Cuando la idea comenzó a tomar forma, inmediatamente pensé en la casa de mi amiga Valito. Una antigua vivienda de Ñuñoa llena de historia y también de una decoración hermosa que habla mucho de quien la habita. Sentía que ese espacio tenía exactamente la atmósfera que estaba buscando.
Cuando llegué, todavía quedaban sobre la mesa algunos objetos del día anterior. Loza, vasos y pequeños detalles cotidianos que muchas producciones habrían eliminado inmediatamente.
Yo le pedí que no moviera nada. No hacía falta ordenar, todo lo contrario. Sentía que esos rastros de vida aportaban humanidad a las imágenes. Que recordaban que detrás de cada fotografía y de cada video existen personas reales, casas reales y momentos reales.
También, el maquillaje y peinado fue mínimo. No quería verme distinta ni más producida. Quería verme como cualquier día dentro de un hogar. Y creo que esa decisión terminó definiendo el espíritu completo del proyecto.
Sabía también que detrás de la cámara estaría Gonzalo, mi esposo, quien suele acompañar mis ideas incluso cuando parecen abstractas. Grabamos durante un par de horas con un teléfono. Gonzalo no pertenece al mundo audiovisual, y mi amiga Valito, quien abrió las puertas de su casa y me ayudó con la producción, tampoco se dedica a este rubro. Éramos simplemente tres personas unidas por las ganas de crear y contar una historia.
Mientras tanto, “Apertura cancionera” seguía sonando una y otra vez. Probablemente Gonzalo y Valito perdieron la cuenta de cuántas veces escucharon la misma canción durante esa tarde. Pero la verdad es que necesitaba tenerla presente. Era parte del proceso.
La edición, en cambio, me tomó bastante más tiempo. Pasé horas viendo las escenas una y otra vez, ajustando detalles, eliminando cosas y probando ritmos distintos. Quería que el resultado transmitiera exactamente la sensación que había imaginado desde el primer momento. Y disfruté muchísimo ese proceso.
Al día siguiente de la grabación asistí al concierto de Natalia Lafourcade, mi cantante favorita. Y cuando comenzó el espectáculo, la primera canción que sonó fue precisamente “Apertura cancionera”. Me emocioné hasta las lágrimas.
Definitivamente creo que cuando hablamos de moda consciente, las respuestas no siempre están únicamente en la ropa de segunda vida. A veces también están en lo hecho a mano, heredado, transformado, intercambiado, entre muchas otras posibilidades y mundos.
Sin duda, la lencería sigue siendo un tema. Quizás porque es una de las prendas más personales que usamos. O quizás porque todavía estamos aprendiendo a incorporarla dentro de nuestras decisiones de consumo.
Sea cual sea la razón, me alegra haber encontrado una alternativa que me inspiró no solo a vestirla, sino también a crear. A contar una historia. Y a recordar que, incluso en las prendas más íntimas, también existen relatos y espacios para expresar.