Karen Doggenweiler y los looks que conquistaron desde Buenos Aires hasta Dubai: la visión de los diseñadores
Más allá de la música, el certamen se consolida como la plataforma de diseño más influyente de la región.
La apuesta de Karen Doggenweiler por equilibrar la alta costura internacional con el talento local no sólo ha potenciado la industria nacional, sino que ha llevado el nombre del festival a vitrinas impensadas, desde Buenos Aires hasta Dubai.
En el Festival de Viña del Mar 2026, la moda tomó un rol protagónico, transformándose en un motor de visibilidad internacional. De la mano de la imagen de la animadora de Mucho Gusto, el certamen se convirtió en el espacio donde el diseño chileno se midió, de igual a igual, con las grandes casas de moda del mundo.
El "Efecto vitrina": De la Quinta Vergara a Dubai
El alcance de esta exposición quedó demostrado con hitos globales. Un ejemplo claro fue el del diseñador tunecino Ali Karoui, quien, tras vestir a la animadora, reposteó el agradecimiento de Karen ante más de 1.3 millones de seguidores, llevando la marca Viña del Mar a audiencias en Dubai y el resto del mundo.
Para los expertos, este nivel de exposición es "oro puro" para la marca país, demostrando que la animadora ha logrado internacionalizar la vitrina de la Quinta Vergara como nunca antes.
Angelina Chiuminatto, stylist de la animadora, siente que este cruce es vital para internacionalizar el festival.
“Es súper importante esta plataforma para mostrar que este es un festival internacional. El mix que hacemos al juntar a un diseñador nacional o extranjero con joyas de un orfebre que está recién partiendo está súper pensado; sirve mucho para la industria en general”, explica la experta.
Sobre el impacto de figuras como Karoui, añade: “Hizo que desde Dubái vieran este festival, que Karen se internacionalizara”.
Una visión que comparte la diseñadora argentina María Gorof, quien vistió a Karen en dos noches clave: "Viña es un escenario profundamente latinoamericano, pero con una visibilidad internacional enorme. Hemos recibido consultas de Chile y de muchos otros países que siguen el evento. Lo lindo es que conecta el diseño con el público de forma directa", explica desde Buenos Aires.
El orgullo del talento local
Para los exponentes chilenos, el festival es "el lugar" para mostrar la calidad de la manufactura nacional. Camila Pontikas, responsable del aclamado look dorado de la noche inaugural, es categórica: "Es la vitrina más importante que tenemos. Me parece extraordinario que se potencie lo nuestro, porque en Chile hay excelentes profesionales y un trabajo artesanal de alta calidad".
Por su parte, Makarena Montaner, quien acompañó a Karen por segundo año consecutivo en el Festival de Viña, destaca que esta convivencia con marcas extranjeras eleva el estándar: "Siento que es súper importante participar con diseñadores de afuera. Uno se da cuenta de que, como chilenos, no estamos tan lejanos del diseño internacional; es un honor estar en este escenario".
Un crecimiento de industria
Este fenómeno no es casualidad. Para Lupe Gajardo —la primera chilena en presentarse en el New York Fashion Week—, el interés estético del festival refleja el crecimiento de la moda en Chile durante los últimos 15 años.
"Hay diseñadores chilenos espectaculares que son totalmente equivalentes a los que antiguamente vestían a las animadoras", reflexiona.
Sobre la presencia de figuras internacionales en la Quinta Vergara, Gajardo lo ve como un enriquecimiento cultural: "Es un guiño, casi un gesto político de apertura hacia afuera. Permite a la gente conocer técnicas y materialidades que de otra manera no se pueden ver. Eso enriquece el festival en el sentido más amplio de la palabra".
Al final de la jornada, la gestión de Karen Doggenweiler ha logrado que el festival sea un espejo del buen momento que vive la industria creativa.
Al elegir marcas nacionales, potencia el empleo y el arte local; al elegir firmas internacionales, pone a Viña del Mar en el mapa de la alta costura global.