Olivia Rodrigo y el regreso del babydoll: la estética que está dividiendo internet

La nueva era visual de la cantante abrió nuevamente un debate que la moda viene teniendo hace décadas: cuándo la feminidad se considera inocente, provocadora o simplemente demasiado libre.

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Vivimos en un momento donde las estrellas pop construyen sus álbumes como universos completos. Cada era tiene su propia paleta de colores, referencias culturales y códigos visuales: una estética reconocible capaz de resumir una personalidad entera. Y para el lanzamiento de you seem pretty sad for a girl so in love, Olivia Rodrigo eligió una silueta tan delicada como controversial: el vestido babydoll.

En la portada del álbum aparece balanceándose con un minivestido rosa pastel de cuello Peter Pan, calcetines blancos y zapatos Mary Jane de charol. En el videoclip de “drop dead”, dirigido nuevamente por Petra Collins, recorre el Louvre usando volantes, tonos suaves y prendas inspiradas en los años 70.

La cantante incluso contó a la edición británica de Vogue que su Pinterest está lleno de vestidos babydoll y escotes setenteros porque quería que todo se sintiera “divertido y relajado”.

Créditos: Instagram Olivia Rodrigo

Pero mientras parte de internet celebró esta nueva dirección estética, otra reaccionó con críticas. Usuarios en redes sociales acusaron a Rodrigo de “infantilizar” su imagen o de sexualizar una estética asociada a la niñez.

Uno de los looks más comentados fue el que utilizó durante una presentación del Spotify Billions Club en Barcelona: un top floral de mangas abullonadas, shorts tipo bombacho y botas Doc Martens hasta la rodilla.

Sin embargo, el debate alrededor del babydoll está lejos de ser algo nuevo. De hecho, esta silueta lleva décadas generando exactamente las mismas incomodidades.

Del dormitorio a la alta costura

El vestido babydoll nació en los años 40 como una prenda de dormir corta y ligera. Su origen suele atribuirse a la diseñadora de lencería Sylvia Pedlar, quien creó esta silueta durante el racionamiento textil provocado por la guerra. El resultado fue una pieza cómoda, corta y amplia que rápidamente comenzó a expandirse más allá de la ropa interior.

Con el tiempo, diseñadores como Cristóbal Balenciaga y Hubert de Givenchy reinterpretaron esta forma en la alta costura, adaptando la silueta trapecio y los volantes a vestidos de día mucho más refinados.

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Pero fue durante los años 60 cuando el babydoll adquirió otro significado cultural. En medio de una juventud que comenzaba a rebelarse contra las siluetas rígidas y las cinturas ajustadas de la década anterior, el vestido corto y suelto pasó a representar libertad. Figuras como Twiggy, Jane Birkin y Brigitte Bardot ayudaron a convertirlo en un símbolo de modernidad juvenil y liberación sexual.

El babydoll punk de los 90

Décadas más tarde, la silueta volvió a transformarse. Durante los años 90, artistas ligadas al rock alternativo y al movimiento riot grrrl comenzaron a usar vestidos babydoll combinados con maquillaje corrido, medias rotas y botas militares.

Courtney Love y Kat Bjelland fueron algunas de las figuras más asociadas a esta estética, bautizada como kinderwhore. El objetivo era provocar: tomar símbolos asociados a la inocencia femenina y convertirlos en algo incómodo, agresivo y desafiante.

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Más que una tendencia, era una respuesta directa a la manera en que la cultura pop y el patriarcado habían romantizado la juventud femenina. La idea era apropiarse de esa imagen y deformarla deliberadamente.

No es casualidad que Olivia Rodrigo cite justamente a Courtney Love y a las bandas lideradas por mujeres de los 90 como parte de sus referencias. La cantante ha contado que creció escuchando grupos como Babes in Toyland y que siempre le fascinó esa mezcla entre feminidad, caos y rebeldía.

Entonces, ¿por qué sigue incomodando tanto?

Los vestidos babydoll que Olivia Rodrigo usa actualmente no son más reveladores que muchas de las minifaldas, shorts o crop tops que ha llevado desde las eras de Sour y Guts. Pero la discusión que generan parece tener menos relación con la cantidad de piel visible y más con lo que representa esta estética.

Créditos: Instagram Olivia Rodrigo

El babydoll siempre ha ocupado un lugar incómodo dentro de la moda porque mezcla elementos históricamente asociados a la inocencia femenina con autonomía, sexualidad y rebeldía. Y cada vez que reaparece, vuelve también la necesidad de discutir quién decide cómo debería verse una mujer joven.


Quizás por eso esta nueva era de Olivia Rodrigo ha generado tantas reacciones. Porque, décadas después de Courtney Love y del riot grrrl, el vestido babydoll sigue haciendo exactamente lo mismo: incomodar.


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