Cosmeticorexia: cuando el skincare deja de ser autocuidado
El uso excesivo de productos de belleza está instalando una nueva preocupación: la obsesión por una rutina perfecta que no siempre es necesaria.
En los últimos años, el cuidado de la piel ha dejado de ser un hábito simple para convertirse en una rutina cada vez más compleja. Lo que antes se reducía a limpiar e hidratar, hoy puede incluir múltiples pasos, activos y productos específicos.
En ese contexto, ha comenzado a instalarse un concepto que preocupa a especialistas: la cosmeticorexia.
El término se utiliza para describir la obsesión por el uso de productos cosméticos, especialmente en rutinas de skincare.
Aunque no se trata de un diagnóstico médico, sí refleja una conducta cada vez más frecuente, sobre todo en adolescentes y personas jóvenes que están expuestas de manera constante a contenido de belleza en redes sociales.
Plataformas como TikTok e Instagram han impulsado una nueva forma de entender el cuidado personal, donde las rutinas extensas y los productos virales se posicionan como la clave para lograr una piel “perfecta”.
Sin embargo, esta sobreexposición también ha generado desinformación, llevando a muchas personas a utilizar activos sin conocimiento, mezclar ingredientes incompatibles o incorporar productos que no necesitan.
Lejos de mejorar la piel, estas prácticas pueden provocar irritación, sensibilidad e incluso daño en la barrera cutánea. A eso se suma un componente menos visible, pero igual de relevante: la relación que se construye con la propia imagen.
Cuando el skincare se vive como una obligación o una fuente de ansiedad, el concepto de autocuidado pierde su sentido.
La cosmeticorexia no solo habla de exceso, sino también de expectativas. En un entorno donde la piel se muestra filtrada, editada y muchas veces irreal, es fácil caer en la idea de que siempre falta algo más por corregir.
Frente a este escenario, especialistas coinciden en la importancia de simplificar las rutinas y priorizar la información confiable.
Entender qué necesita realmente la piel, y no lo que dictan las tendencias, se vuelve clave para evitar daños innecesarios.
Porque el cuidado personal no debería medirse en cantidad de productos, sino en bienestar. Y en ese equilibrio, muchas veces, menos es más.