Entre el discurso y la realidad: la presión de ser “bella” en las mujeres en Chile

La segunda edición del estudio de Natura y Cadem revela una brecha generacional en torno a la belleza, donde las más jóvenes concentran los mayores niveles de presión, en una sociedad que aún pone el foco en la apariencia.

Créditos: Getty Images

Aunque la conversación en torno a la belleza ha cambiado en los últimos años, la presión por cumplir con ciertos estándares sigue marcando la experiencia de muchas mujeres en Chile.

Así lo evidencia la segunda edición del informe “Radiografía de la belleza 2026: las mujeres cambiaron, la sociedad todavía no”, realizado por Natura en conjunto con Cadem, que encuestó a 700 mujeres, chilenas y migrantes, para analizar cómo se vive hoy la relación con la apariencia.

Uno de los datos más significativos es la brecha generacional. El 51% de las mujeres de la Generación Z, entre 18 y 24 años, declara sentir una alta presión personal por su apariencia. En contraste, esta cifra desciende de forma considerable en otros grupos etarios, llegando a solo un 5% en mujeres mayores.

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Las diferencias no solo se observan en los niveles de presión, sino también en cómo se entiende el “verse bien”. Mientras 4 de cada 10 mujeres jóvenes lo asocian directamente al atractivo físico, en mujeres mayores comienza a vincularse con el bienestar emocional, evidenciando un cambio en la forma de relacionarse con la imagen personal.

En este contexto, las redes sociales aparecen como un factor determinante. Para las generaciones más jóvenes, funcionan como un espacio de exposición constante que intensifica la comparación y refuerza estándares de belleza difíciles de sostener.

El estudio también identifica una tensión que atraviesa a la sociedad chilena. A nivel personal, el 83% de las mujeres afirma priorizar su bienestar emocional por sobre la apariencia física. Sin embargo, un 62% percibe que, socialmente, sigue predominando la importancia de “verse bien”.

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Esta disonancia se vuelve aún más evidente al abordar el envejecimiento. Aunque el 90% de las encuestadas considera que la belleza debería representar a todas las edades, un 80% sostiene que la sociedad todavía castiga el verse mayor. De hecho, la mayor presión por mantener una apariencia joven se concentra entre los 30 y 50 años.

Otro punto relevante es la diferencia en la percepción de la belleza según el origen. Las mujeres migrantes reportan sentir menor presión social y tienden a tener una mirada más diversa y flexible sobre lo estético. En esa línea, un 77% considera que hoy la belleza es más amplia, frente al 56% de las mujeres chilenas que comparte esa visión.


En ese cruce entre cambio y permanencia, el informe deja en evidencia una idea central: mientras las mujeres avanzan hacia una relación más consciente con su bienestar, la sociedad no necesariamente evoluciona al mismo ritmo. Y en esa distancia, la presión por cumplir con ciertos estándares no desaparece, solo se transforma.


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