La historia de la manicure francesa, un clásico que cumple 50 años
Con una base natural y puntas blancas, este es uno de los diseños más reconocibles de la manicure. Su capacidad para combinar con prácticamente todo explica parte de su historia, que ya suma cinco décadas.
La manicure francesa cumplió 50 años este mes y, aunque es un clásico de toda la vida, su origen no es tan conocido y, aunque no lo creas, está lejos de Francia.
De Hollywood a París
Este diseño nació en Hollywood como una solución práctica para acompañar los constantes cambios de vestuario de las actrices sin tener que modificar sus uñas entre cada look.
Su historia se remonta a 1976, cuando Jeff Pink, fundador de ORLY, comenzó a trabajar en los estudios de películas de Los Ángeles buscando una manicure versátil. Un año después creó el “Natural Nail Look”, con una base en tonos nude y las características puntas blancas.
El diseño fue un éxito y llegó a las pasarelas de París en 1978. Después de ese paso por la capital francesa, Pink lo rebautizó como “French Manicure”, nombre con el que terminó conquistando salones de belleza y alfombras rojas.
En la actualidad sigue siendo una de las opciones favoritas para las novias y en ocasiones especiales, pero su versión clásica ya no es la única alternativa. Colores, brillos y distintos acabados le han dado una vuelta más moderna sin perder su esencia.
Un clásico que aprendió a transformarse
La fórmula original sigue funcionando, pero a través de los años se ha ido reinventando.
Hoy existen versiones con líneas más finas o gruesas y tonalidades que puedes aprovechar para elegir tu favorito. Los tonos neutros dan un acabado más sutil, mientras que los colores intensos funcionan si quieres darle más protagonismo a la manicure.
También puedes jugar con estampados de animales en la punta, flores y otros diseños que le dan un aire divertido a las uñas.
Esa capacidad de renovarse es una de las claves de su permanencia. La manicure francesa puede verse discreta o convertirse en el centro del look, adaptándose a diferentes largos, formas y estilos sin perder su estructura, que permite reconocerla inmediatamente.
Cincuenta años después, sigue demostrando que un clásico no tiene que permanecer intacto para sobrevivir, sino que uno puede atreverse a jugar y adaptarlo a su gusto.