De los 2000 al 2026: Los vestidos boho vuelven este año
Escotes pronunciados y en V, tejidos vaporosos y largos eternos. El rey del hippie-chic está de vuelta y Mary-Kate Olsen demuestra por qué se trata de un clásico que sí o sí debes tener.
Antes de Instagram, Coachella o Lollapalooza, los vestidos boho ya existían. De hecho, su silueta se consolidó en la década de los 60-70, con el auge del movimiento hippie.
Los vestidos largos, las mangas acampanadas, los bordados e incluso los tejidos a crochet -que hoy también han vuelto en gloria y majestad-, eran un símbolo de libertad, espiritualidad y contracultura.
Incluso, íconos como Jane Birkin o Stevie Nicks hicieron del estilo boho una estética profundamente deseable y cuando se piensa en aquellos vestidos vaporosos, ellas son las primeras en asomarse en el imaginario colectivo.
Por supuesto, y como todas las modas, el boho tuvo su declive y luego, en los 2000 vivió un comeback de la mano de Sienna Miller, Kate Moss y Mary-Kate Olsen que lo reinterpretaron según su propio estilo.
Y es precisamente la menor de las gemelas Olsen -sí, por tan sólo dos minutos- quien demuestra que el rey del hippie-chic es un clásico que sí o sí debes incorporar en tu closet.
Más que una tendencia, un clásico
Ante todo, los vestidos boho no siguen tendencias, las atraviesa con una fluidez que se presenta como una declaración estilística -sí, tal como las gemelas Olsen-.
Se trata de una forma de habitar la moda con una intuición y un romanticismo que no pasa de moda.
Sus paletas neutras, tejidos vaporosos y siluetas que fluyen con el cuerpo y el movimiento ensalzan una libertad que, entre tantas tendencias, se ha perdido. Además, claro, de un revival de los 2000 que no da tregua.
Las pasarelas de este año lo dejaron claro: el boho vuelve largo, etéreo y sin esfuerzo. Más pulido, pero fiel a su esencia.
Un recordatorio de que hay prendas que no necesitan reinventarse para seguir siendo relevantes. Solo existir.
Y lo mejor, gracias a sus tejidos naturales y acabados sueltos es perfecto para la temporada estival.
Es fresco, liviano y cómodo, además, se adapta sin esfuerzo a las altas temperaturas, permitiendo que el cuerpo respire y se mueva con total libertad.
Y también puede ser la transición ideal para pasar de la ciudad a la playa. Eso sí, ¡adapta tu calzado y accesorios!