Especial 8M: Una mirada desde la historia, la moda y el empoderamiento
Este 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer y desde Somos La Percha abordamos la moda como herramienta de empoderamiento y la historia y orígenes de esta importante fecha.
Durante los últimos meses, los derechos de las mujeres, tanto en Chile como en otras partes del mundo, han sido sujeto de conversación política y social. El auge del conservadurismo ha abierto el debate y el fenómeno de las “trad wife” ha llevado a las mujeres a un único rol que creíamos olvidado: ser madre y estar en casa.
Claro, cada quién es capaz de decidir cómo vivir su vida, pero limitarlas a un solo “molde” es un retroceso histórico. Y el peligro no reside en la elección individual, sino en la narrativa sistémica que busca romantizar la pérdida de libertad y autonomía económica y social bajo un filtro de estética vintage y colores pastel.
A nivel nacional, la Comisión de Salud de la Cámara de Diputadas y Diputados aprobó la Ley de Aborto -que busca regularizar y despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo hasta la 14° semana de gestación-.
Sin embargo, y ad portas de un cambio de mando presidencial, nos enfrentamos a un escenario político que podría poner en riesgo aquellas políticas en pro de los derechos de las mujeres. Por eso, en Somos La Percha conmemoramos el Día Internacional de la Mujer repasando la historia y relevancia del 8M.
8M: Cronología de una fecha histórica
Para entender el 8M, hay que analizar el contexto histórico: el segundo periodo de la revolución industrial. Con la creación de las máquinas a vapor, a finales del siglo 19 y principios del 20, la fuerza de trabajo se trasladó a las industrias y las mujeres eran quienes sostenían la economía textil. Trabajaban más de 12 horas al día, les pagaban hasta un tercio del salario masculino y las condiciones eran insalubres.
En 1908, alrededor de 15 mil mujeres marcharon por las calles de Nueva York exigiendo justicia: recorte de horarios, mejores sueldos y derecho a votar. Bajo el lema "Pan y Rosas", le recordaron al mundo que la supervivencia (el pan) no es suficiente si no viene acompañada de dignidad y belleza (las rosas).
Un año más tarde, el 28 de febrero de 1909, se “celebró” el "Día Nacional de la Mujer" en Estados Unidos en honor a las huelgas anteriores. Y en 1910, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas de Copenhague, se proclamó el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, reiterando la demanda del sufragio universal. El 19 de marzo de 1911 se conmemoró por primera vez en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza.
-Y sí, separar el 8M del Día del Trabajador es casi imposible; están intrínsecamente relacionados y ambos homenajean a las víctimas de algunas de las tragedias sindicales más grandes de la historia. E incluso, fueron las manifestaciones de un 8 de marzo las que más tarde derivarían en el inicio de la Revolución Rusa en 1917 y bajo las mismas demandas: condiciones laborales dignas-.
En fin, todo cambió cuando, una semana después del primer Día Internacional de la Mujer, 146 mujeres trabajadoras murieron en el Incendio de la Fábrica Triangle Shirtwaist de Nueva York. Los dueños habían bloqueado las salidas para evitar robos y pausas no autorizadas, siendo el evento que transformaría las legislaciones laborales y también, las posteriores conmemoraciones del 8M.
La moda como empoderamiento
Desde la moda es normal que, en esta fecha, se hable de aquellos íconos que transformaron la industria: Gabrielle Chanel, Iris van Herpes, Miuccia Prada, Vivienne Westwood, las hermanas Fendi o en la actualidad, Maria Grazia Chiuri, Sarah Burton o Stella McCartney. O incluso, de quienes se han encargado de posicionar y darle forma: Anna Wintour, Carine Roitfeld, Diane Vreeland, Franca Sozzani o Anna Piagg.
Tanto en el diseño como en la edición de moda existen más nombres, sin embargo, nos gustaría que fuesen muchos más. Según datos de 2018, la dirección ejecutiva de las grandes marcas alcanzaba un 14 por ciento, de acuerdo con un estudio realizado por Glamour de Reino Unido, en colaboración con el Consejo de Diseñadores de Moda Americana (CFDA) y la consultora McKinsey & Company.
Hoy por hoy, las cifras han aumentado, pero no son alentadoras. Si bien la representación femenina en puesto CEO en grandes corporaciones llegó a subir cerca del 20-25 por ciento, informes de 2025 muestran que esta cifra sufrió una leve caída (situándose cerca del 19 por ciento), debido a una ola de renuncias de mujeres en altos cargos. Y en las principales capitales de la moda (Londres, París, Milán, Nueva York), solo cerca del 14 al 15 por ciento de las grandes marcas están dirigidas creativamente por mujeres.
Lo que es paradójico, considerando que se trata de una industria creada, principalmente, por y para las mujeres y que más del 80 por ciento de los graduados de las escuelas de diseño son mujeres. El talento existe, pero se "pierde" en el camino o tal vez, y tal como dijo la agencia McKinsey se debe a que “los hombres tienen un 20 por ciento más de posibilidades de alcanzar posiciones ejecutivas que las mujeres”.
De hecho, algunos de los diseños más emblemáticos fueron creados por hombres, tal como el esmoquin femenino de Yves Saint Laurent. Ahora bien, los pantalones de Chanel, la minifalda de Mary Quant, los bañadores de dos piezas o el despojamiento del corset cambiaron el curso de la historia.
No es casualidad que a medida que las sufragistas ganaban terreno, las estructuras rigidas de las prendas comenzaron a desmoronarse. Una necesidad de libertad que convirtió a la moda en un manifiesto visual de que la mujer ya no aceptaba ser "propiedad" de un hogar, sino una ciudadana del mundo.
Y año tras año, estas prendas se revisitan para encontrar un mensaje de empoderamiento. En 1966, las mujeres se manifestaron en pro del uso de la minifalda y en 1968, quemaron sujetadores bajo un solo lema: "Lo personal es político".
Aquella quema de sostenes en Atlantic City no fue un acto contra una prenda de vestir, sino contra la imposición de una feminidad diseñada por y para la mirada ajena. Al desprenderse del sujetador, las mujeres estaban reclamando la propiedad de sus propios cuerpos, tal como hoy reclamamos la propiedad de nuestras decisiones reproductivas y profesionales.
Porque a un siglo de la primera conmemoración del Día Internacional de la Mujer, la lucha sigue intacta y la moda, con sus tendencias y estéticas, continúa siendo una herramienta de empoderamiento que va desde el llevar consignas como “soy mi propia musa” de Viktor & Rolf hasta el “todos debiésemos ser feministas” de Dior by Maria Grazia Chiuri.
O que pasa incluso por la decisión consciente de no comprar prendas del fast fashion o el super fast fashion. Y no solo por las toneladas de basura que produce, sino también, por la profunda precarización y sobreexplotación laboral que existe detrás de marcas como Shein.