¿Inspirada en Anna Wintour? La historia detrás del icónico personaje de Miranda Priestly
De una experiencia real en Vogue a uno de los personajes más comentados del cine, la duda sigue instalada hasta hoy. Te contamos todos los detalles.
Desde su estreno en 2006, “El diablo viste a la moda” no solo se consolidó como una película de culto dentro del mundo de la moda, sino que también instaló una pregunta que, casi dos décadas después, sigue sin una respuesta definitiva.
¿Está Miranda Priestly inspirada en Anna Wintour?
La historia tiene un punto de partida claro. A fines de los años 90, Lauren Weisberger, recién egresada y con aspiraciones de convertirse en escritora, llegó a trabajar como asistente en Vogue. Su jefa era Wintour, una de las figuras más influyentes y exigentes de la industria.
Esa experiencia, marcada por un ritmo intenso y altos niveles de presión, fue la base para su novela “The Devil Wears Prada”, publicada en 2003. El éxito fue inmediato y, pocos años después, la historia llegó al cine con un impacto aún mayor.
Ahí fue cuando las comparaciones se volvieron inevitables. El carácter frío, la exigencia constante y el poder que encarna Miranda Priestly hicieron que muchos vieran en ella un reflejo directo de Wintour.
Sin embargo, la ficción también suaviza ciertos aspectos: hacia el final, el personaje muestra una vulnerabilidad que contrasta con la imagen más hermética asociada a la editora.
Con el tiempo, las versiones han ido sumando matices. Meryl Streep, quien interpretó a Miranda, ha señalado que no basó su actuación en Wintour, sino en figuras como Mike Nichols y Clint Eastwood, tomando de ellos ciertos gestos y formas de liderazgo.
Por su parte, Wintour ha evitado confirmar la conexión de manera directa. En distintas entrevistas ha dejado la interpretación abierta, señalando que es el público quien debe decidir si existe o no una similitud.
Al mismo tiempo, ha reconocido la película como un aporte para acercar la moda a una audiencia más amplia, e incluso ha destacado el trabajo de Streep.
Así, entre inspiración, ficción y percepciones, la historia se mantiene en ese punto intermedio donde nunca se dice del todo, pero tampoco se descarta.
Y quizás por eso sigue vigente: porque más que una respuesta clara, lo que dejó fue una duda que cada uno resuelve a su manera.