Los detalles detrás del look nupcial de Meghan Markle a ocho años de su boda con el príncipe Harry

A ocho años de la ceremonia real, el vestido minimalista, el velo de cinco metros y las joyas elegidas por la duquesa de Sussex siguen siendo referencia en el mundo novias y uno de los momentos fashion más recordados de la realeza.

Créditos: Getty Images

Han pasado ocho años desde la boda de Meghan Markle y el príncipe Harry, pero el look nupcial de la duquesa de Sussex sigue siendo uno de los más comentados e influyentes de la realeza moderna. Desde el vestido minimalista hasta el velo cargado de simbolismos, cada elemento fue pensado al detalle.

Cuando se anunció el matrimonio real en 2018, comenzaron inmediatamente las especulaciones sobre quién sería la persona encargada de diseñar el vestido. Entre los nombres que sonaban estaban Victoria Beckham, Erdem, Ralph & Russo e incluso David Emanuel, uno de los creadores del vestido de Lady Di.

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Sin embargo, Meghan Markle sorprendió al elegir a Clare Waight Keller. La diseñadora británica, y primera mujer en dirigir la maison francesa, fue la mente detrás del vestido que rápidamente se convirtió en referente de elegancia minimalista.

El diseño destacó por sus líneas limpias, mangas largas y escote bote, alejándose de los vestidos reales más recargados. Una apuesta sobria que marcó tendencia y que hasta hoy sigue inspirando a novias alrededor del mundo.

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Otro de los elementos más comentados fue el velo de cinco metros de largo, bordado con flores que representaban a los 53 países de la Commonwealth. Un detalle simbólico que transformó la pieza en mucho más que un simple accesorio.

La tiara también escondía historia. Meghan llevó una pieza bandeau de diamantes y platino con motivos geométricos, creada en 1932 y perteneciente a María de Teck, abuela de la reina Isabel II.

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El bouquet tampoco pasó desapercibido. El príncipe Harry recogió personalmente algunas flores de los jardines privados del palacio de Kensington para incluirlas en el arreglo floral, que luego fue terminado por la florista Philippa Craddock. Entre las especies elegidas había jazmín, lirios del valle y nomeolvides, la flor favorita de Lady Di.


El look se completó con maquillaje natural y un moño bajo relajado, una estética simple y sofisticada que terminó definiendo uno de los momentos fashion más recordados de la familia real británica.

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