Ni blanco tradicional ni un solo look: los dos vestidos con los que Emma Roberts reinventó el estilo nupcial

Emma Roberts dejó atrás el clásico vestido blanco y apostó por dos diseños de Monique Lhuillier que combinaron inspiración vintage, alta costura y un cambio de look.

Créditos: Vogue

Cuando parecía que ya lo habíamos visto todo en materia de moda nupcial, Emma Roberts sorprendió con un matrimonio donde el vestido fue el verdadero protagonista. La actriz dejó de lado el clásico blanco óptico y apostó por un diseño romántico, vintage y lleno de detalles artesanales, para luego cambiar completamente de estilo durante la celebración.

La encargada de crear ambos looks fue la diseñadora estadounidense Monique Lhuillier, una de las firmas favoritas de las novias de Hollywood.

Un vestido rosa antiguo que rompe con la tradición

Para la ceremonia, Emma Roberts lució un diseño hecho completamente a medida que tomó cerca de nueve meses de trabajo y alrededor de mil horas de confección artesanal.

En lugar del tradicional blanco, eligió un tono exclusivo bautizado como Vintage Rose, un rosa antiguo con un acabado envejecido que evocaba textiles y encajes de época.

Créditos: Vogue

El vestido estaba confeccionado en gasa de seda e incorporaba un corsé estructurado, una falda de capas y un chal de encaje francés desmontable que permitía transformar el look durante la ceremonia. Gracias a esta pieza, el diseño podía llevarse de distintas maneras sin perder su esencia romántica.

Como complemento, la actriz usó dos velos: uno largo y clásico para caminar al altar y otro tipo birdcage, inspirado en el glamour del Hollywood de los años 50.

Según explicó a Vogue, la inspiración detrás del vestido nació de su fascinación por los objetos antiguos. Su objetivo era verse como "una pequeña muñeca fantasma antigua", una idea que terminó definiendo toda la estética de su matrimonio.

Créditos: Vogue

El cambio de look: un vestido negro para la fiesta

Lejos de optar por un segundo vestido blanco, Emma Roberts volvió a sorprender con un diseño completamente negro para la recepción.

El look correspondía a un modelo de archivo de Monique Lhuillier presentado originalmente en 2004 y estaba compuesto por un corsé de encaje Chantilly y una falda midi de organza de seda con volumen.

Créditos: Vogue

El contraste entre ambos vestidos marcó dos momentos completamente distintos de la celebración: uno romántico y etéreo para la ceremonia, y otro mucho más sofisticado, moderno y con inspiración vintage para la fiesta.


Emma Roberts dio un paso más allá con una propuesta que mezcla romanticismo, nostalgia y alta costura, demostrando que el vestido de novia ya no tiene por qué ser únicamente blanco para convertirse en uno de los looks más comentados del año.


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