Semana de la Moda de Milán: Las tendencias que dejó la capital italiana
¿Te perdiste las principales pasarelas de Milan Fashion Week? En Somos La Percha repasamos algunos de los shows más esperados de la temporada.
Vueltas a casa, sastrería en formato reloj de arena, campañas previas generadas completamente por Inteligencia Artificial y entregas que, precisamente, criticaron el auge de esta.
Entre el 24 de febrero y el dos de marzo se llevó a cabo una nueva versión de la Semana de la Moda de Milán. ¿El encargo de abrir el evento? Diesel. Fiel a su estilo disruptivo, la marca dirigida por Glenn Martens, presentó una pasarela con más de 50 mil piezas de archivo que sirvieron como escenario y registro de la evolución de la firma.
Una oda a los coleccionistas -o acumuladores- protagonizada por piezas de antaño que se transforman y reutilizan bajo un solo concepto: la sostenibilidad -y el denim reciclado- como el nuevo estándar del lujo rebelde.
Contrariamente, el diseñador presentó una colección sumamente minimalista para MM6 Maison Margiela. Una entrega de aires futurista, en que las modelos llevaban lentes que les cubrían por completo los ojos. Piezas que le dieron la bienvenida a los arquetipos estadounidenses de los 90 y que dejaron atrás las ideas conceptuales y abstractas tan propias de la marca.
Aunque, claro, el toque rebelde de la firma se hizo presente mediante una deconstrucción de lo cotidiano: forros expuestos, dobladillos cortados a ras y camisas de franela que parecían rescatadas de un mercado vintage. Eso sí, bajo una precisión técnica envidiable. Una "hiper-normalidad" que convirtió la prisa urbana en una declaración de estilo.
El minimalismo como el rey de las pasarelas
El clean look sigue una de las estéticas más deseadas de la industria y quizás es por el panorama internacional, pero el minimalismo sigue reinando tanto en las pasarelas como en las calles y así también lo demostró Fendi, que no sólo dio la bienvenida a Maria Grazia Chiuri.
Sino que, además, introdujo una “regeneración sartorial” en tonos neutros como negros, grises y azules profundos; una colección pensada en trascender la temporalidad y cuya “limpieza visual” fue explorada, a la vez, por Jil Sander.
La directora creativa de la firma, Simone Belloti, se alejó de la frialdad industrial minimalista y exploró la idea del “hogar” como un espacio de seguridad emocional con piezas cálidas y simples. Una atmósfera poética que fue contrapuesta por conceptos como “realismo” y “longevidad”.
Porque sí, la reciente edición de Milan Fashion Week se volcó hacia prendas utilizables en el día a día y pensadas para perdurar por décadas.
En la misma línea, la sobriedad tuvo su último gran bastión con Emporio Armani, esta vez, de la mano de Silvia Armani, sobrina del fallecido diseñador y la encargada de darle vida a prendas de inspiración militar.
Lejos de la rigidez que podría suponer este estilo, las siluetas de la entrega emanaban una elegancia atemporal y absoluta. Con chaquetas de terciopelo azul noche y pantalones de corte oficial en sedas pesadas que fueron inyectadas por un extra de sensibilidad femenina.
El maximalismo como el gran provocador italiano
Por supuesto, Milán no sería Milán el salvajismo de Cavalli o el romanticismo neogótico de Blumarine. Y es que claro, Roberto Cavalli se decantó por un maximalismo con piezas que fusionaban sus icónicos estampados de leopardo con texturas que imitaban ciertas piedras preciosas como la obsidiana o el mármol volcánico.
Un exceso de colores y formas que, incluso a pesar de eso, se sentía en equilibrio. Quizás, por la composición de cada look; hombros anchos y pantalones que se ajustaban creando un efecto de triangulo invertido perfecto.
En cuanto a colores, el negro predominó en la pasarela de la firma dirigida por Fausto Puglisi. Un guiño a esa sensualidad italiana, pero igual, a esa búsqueda de resistencia y autoridad que se vio, paralelamente, en Dolce&Gabbana.
Esta última se alejó de los artificios barrocos y se centró en una sensualidad técnica y arquitectónica que se manifestó a través de prendas sartoriales ceñidas a la cintura. Siluetas en forma de reloj de arena y corsets que más que una prenda opresiva, se presentaban como una estructura de poder con cortes impecables.
Moschino, por su parte, presentó una colección que parecía una respuesta directa a la ansiedad digital. Y con piezas y accesorios que parodiaban la obsesión por el branding excesivo, la firma le recordó al público que la moda, antes que nada, es un juego.
Y en esa misma línea, Gucci -bajo la nueva dirección creativa de Demna Gvasalia-, se declaró contra la sobriedad imperante en la moda. Esto, con Kate Moss sobre la pasarela y una retrospectiva que trajo de vuelta los archivos y el sexappeal de finales de los 90 y principios de los 2000. La era de Tom Ford resurgió con fuerza e incluso el mítico G-String se dejó ver, recordándonos los tiempos más hedonistas de la industria.
Prada, Max Mara, Genny, Bruno Cuccinelli, Etro y Missoni fueron otras de las marcas que dieron vida a un sobrio y limpio Milan Fashion Week de Otoño-Invierno. Una temporada marcada por el minimalismo, el retorno a la casa que la vio a nacer de Chiuri o el esperado debut de Demna en Gucci.
E igualmente, una que se ha posicionado contra los algoritmos y el creciente auge de la Inteligencia Artificial, porque si bien el mundo corre hacia lo virtual, el arte y la moda siguen encontrando su autenticidad en la creación humana, lejos de herramientas como Gemini o ChatGPT.