Día de la madre: Lo que se hereda no se hurta

Ropa de segunda mano, llamadas a la distancia y una relación que, con los años, al igual que algunas prendas, se ha ido reparando hasta volverse más fuerte.

Créditos: Cedida

Con mi mamá hablamos bastante por teléfono. Mi familia está en Temuco, así que muchas de nuestras conversaciones pasan por ahí, entre lo que hizo en el día, lo que ocurrió en la casa y, casi siempre, alguna prenda o tesoro que una de las dos encontró en la ropa usada.

Hace poco me llamó para contarme que había encontrado un vestido de segunda mano. Le costó 2.000 pesos. Lo describió con detalle, como si yo también lo estuviera viendo: el color, la forma, el estilo. Si algo tenemos claro las dos, es que la ropa se usa, se reusa y se repite, así que mientras la escuchaba no podía evitar imaginar cuántas veces ese vestido volverá a la vida.

Créditos: Cedida

Cuando voy a Temuco o ella viene a Santiago, intentamos salir a ver ropa usada. Entramos a los locales, miramos los colgadores y revisamos sin apuro. Probamos pocas cosas, pero comentamos muchas más. Con el tiempo entendí que, en esos momentos, la ropa pasa a segundo plano y se transforma en una excusa para compartir tiempo juntas.

Mi mamá es profesora básica, y eso se nota apenas la ves, en su paciencia, en su orden y en su perseverancia. Tiene esa forma de explicar como si siempre hubiera alguien aprendiendo cerca.

Desde ahí también aprendí otras cosas que fui heredando, como el equipo de fútbol que nos gusta, Colo Colo, que llegó a mi vida por ella, o las alpargatas que usaba cuando era “lola”. Tengo una foto suya de esos años, con alpargatas negras, un poco borrosa, pero suficiente para reconocerlas. Te comparto la foto en esta columna.

Durante muchos años fue secretaria mientras estudiaba para ser profesora. En ese tiempo le escribí un poema que se llamaba “La madre perseverante”. Ella todavía lo guarda. Con los años lo he vuelto a leer y hoy me hace mucho más sentido.

Créditos: Cedida

Con el tiempo he ido entendiendo que la ropa de segunda mano no tiene que ver solo con ahorrar, sino con otra forma de mirar lo que ya existe, con no descartar y con darse un segundo antes de decidir. Es algo que comparto profundamente con mi mamá.

Y eso también se parece a otras cosas, a cómo se sostienen algunas relaciones y a cómo se van acomodando con el tiempo, sin partir de cero, pero tampoco quedándose iguales.

Al final, lo que se repite no es la ropa en sí, sino la forma de mirarla. En mi caso, esa forma se fue construyendo entre llamadas, ferias, viajes a Temuco y ese poema que todavía sigue guardado en alguna parte de la casa de mi mamá.

Créditos: Cedida


Hoy, al mirar hacia atrás, no siento que todo haya sido fácil, pero sí sé que estamos en un buen momento, más cercano y con una relación más fuerte. Como esas prendas que no se ven nuevas, pero calzan mejor que nunca después de haber sido reparadas.


Daniela Seguel

Actriz, comunicadora y creadora de Reviviendo Mil Prendas 

https://www.instagram.com/reviviendomilprendas/?hl=es
Siguiente
Siguiente

El diablo viste a la moda: la película que nos spoileó la vida laboral (y por eso la seguimos amando)