El clasismo en la perfumería: ¿Quién decidió que era solo para algunos?
El perfume es un lujo, eso es una realidad. Nadie necesita perfumarse; queremos hacerlo por gusto. Y por gusto, muchas veces gastamos cantidades ridículas de dinero. Porque nos gusta y porque podemos.
Insisto, eso es un hecho. Obviamente dependerá del bolsillo de cada uno cuánto gastamos en ello, pero sigue sin ser una necesidad básica.
Algo que he detectado en este tiempo más cercana al mundo de la perfumería es que existe una intención de muchas personas -léase otros aficionados, ciertos grupos que se sienten “elegidos”, algunos perfumistas, etc.- de mantenerla como algo muy exclusivo, como un ambiente apto solo para algunos. Para su mala suerte -y como pasa con tantas cosas actualmente- eso ya no es tan así.
Ya hablamos en columnas anteriores sobre la democratización que significó la llegada masiva de los perfumes árabes. Puede que te gusten o no, eso es opinión personal, pero que abrieron enormemente el mercado y permitieron el boom que tiene actualmente la perfumería -sí, incluso en plena crisis- nuevamente, es un hecho.
Las redes sociales también cambiaron este paradigma de “grupo místico de elegidos”. Hoy, cualquiera que tenga un teléfono puede hacer reseñas. Desde su perfume de Spider-Man hasta su fragancia nicho carísima y exclusiva. Todos.
No se necesitan conocimientos específicos, ni un apellido determinado, ni cierta clase social, ni ser amigo de alguien. Todos pueden acercarse y conocer más de perfumería a través de redes sociales. Consumir contenido o crearlo, y eso también democratiza.
Otra cosa es que a ti te guste o no el contenido de Juanita o de Pepito, eso, nuevamente, es un gusto personal, pero el hecho es que hoy tanto la información como la creación de contenido están mucho más cerca de todo tipo de públicos.
Creo que muchas veces olvidamos que lo que nos gusta es un perfume; un aroma, una composición. Obviamente, todo eso viene aderezado con historia, botellas hermosas, narrativa y muchísimo marketing.
Pero al final del día, no deberíamos permitir ni perpetuar que el precio o la exclusividad de una fragancia sean la única medida de qué -o quién- es más válido dentro de este ambiente. Porque, en teoría, lo que nos une es el amor por las fragancias, cualquiera que sea, mientras a ti te guste.
Tengo clarísimo que este pensamiento no es el más popular dentro del área, pero me gusta creer que las nuevas generaciones sí están ayudando a cambiar eso.
En mi caso, valoro un aroma que me guste más allá de su precio, tanto desde mi gusto personal -tengo perfumes de supermercado, diseñador, nicho, árabes, etc.- como también porque siempre he considerado que le debo a quienes siguen mi contenido en redes sociales el tener opciones para todos los bolsillos.
Porque sí, el perfume es un lujo, pero también puedes darte un “lujito” dentro de tus posibilidades. Porque en esa pequeña botella del aroma que te gustó y que sí está dentro de tu presupuesto, existe un pequeño escape, una alegría, una recompensa en cada atomización, y eso merece ser celebrado.
Así que no dejes que los elitistas del perfume te hagan sentir culpable por no tener solo fragancias de cierta marca o porque no puedes comprar todos los lanzamientos. Lo importante es disfrutar de eso que tanto nos gusta: los aromas. Y hacerlo con alegría.