Tallas grandes, invisibilidad enorme: la deuda de la moda
En las últimas pasarelas de las capitales de la moda, solo un par de grandes marcas presentaron modelos y prendas talla grande.
Esto llevó a que Vogue hiciera un estudio al respecto, el cual confirma con cifras y datos temas que vengo investigando hace años: hay un rechazo increíble con respecto a la inclusión de las tallas grandes en el mundo de la moda y, peor aún, esto no se condice con las cifras de venta.
Hace meses estamos en un contexto donde se vuelve a aplaudir la extrema delgadez y se vanagloria el uso de Ozempic, no como un medicamento creado para combatir una enfermedad, sino como una herramienta para bajar de peso, sin importar el tipo de cuerpo que tengas ni las consecuencias que esto trae para la salud.
En la última fashion week, solo un 0,3% de las modelos fueron talla grande y un 97,1% fue talla convencional pequeña, ni siquiera midsize. Con estas cifras, la industria de la moda nos vuelve a plantear que el mundo en que vivimos un 97% de la población es una talla XS, S o M, lo cual dista muchísimo de la realidad.
Por supuesto, toda esta propuesta con respecto a los calces deja de lado la genética, la historia de los cuerpos, el territorio en que habitamos e incluso el factor cultural, que es tan importante. Porque sí, para sorpresa de nadie, nuestros cuerpos están formados por historia, y no solo por nuestra historia, sino también por la historia de la humanidad.
Es por esto que la representación, hoy más que nunca, importa. Es muy difícil (o casi imposible) decirle a una persona que no se ve reflejada en un maniquí o en una campaña de moda: “vístete así”, “en las tendencias hay espacio para ti” o, lo que más me duele, “no tienes que esperar a bajar de peso para poder vestirte”.
Y es que la moda, aunque es el amor de mi vida, en realidad -quienes la crean y los grandes inversionistas- puede ser bastante doble cara. Cuando están de moda las capas, los volantes o las terminaciones aglobadas, hay metros y kilos de tela disponibles para construir esas siluetas soñadas (ver desfile Chloe).
Pero cuando esa misma cantidad de tela -o incluso menos- se necesita para producir tallas más grandes, la respuesta fácil es: “es muy caro” o “se usa demasiada tela”. Imagínate: hace años está de moda lo oversize, pero difícilmente existe en el mercado el oversize para la talla XL o 2XL.
Yo he estado en la situación de pelear por agarrar primero el polerón XL con una chica tres veces más pequeña que yo. Entiendo que para ella no significa nada más que una nueva prenda en su closet, pero para quien esa talla es su única opción, no poder llevárselo cala mucho más hondo que no usar la tendencia, tan bien llevada hace años por Ariana Grande.
Uno de los temas más polémicos en Chile respecto a las tallas grandes (consideradas desde la XL o XXL hacia arriba) es que, mientras más grande es la talla, mayor quiebre de stock existe. Tan solo hay que hacer el ejercicio de mirar qué tallas quedan cuando hay un esperado sale de Zara: la mayoría son XS o S.
Y hay muchas razones detrás de esto. El comprador de talla grande aún no está educado en este tema; se compran pocas unidades por prejuicios como “el cuerpo gordo se esconde” o “no le importa cómo se viste”, entre tantos otros.
Además, pasando a temas más técnicos, se requiere inversión, tanto en desarrollo de producto como en marketing. Si quiero llegar a ese potencial cliente, tengo que conocer ese cuerpo: saber dónde debe ir el tiro de ese pantalón, dónde queda la cintura en un cuerpo con un vientre más grande, cómo ajustar las caderas y, más importante aún, trabajar con modelos con las que ese potencial cliente se sienta identificado.
Lo que yo vengo revisando hace años, y que el estudio de Vogue confirma, es que todavía no se están analizando bien los números o quizás no se quieren internalizar.
En países como Chile, donde el promedio es una talla L o XL, no puede ser que se produzca o compre la misma cantidad de S o XS. Si a tu tienda no entran a comprar cuerpos XL, no es porque no existan: es porque ya entendimos que en tu tienda no hay espacio para nosotras y por ende, no entramos. Hace años, ni siquiera las campañas con influencers incluían rostros que fueran talla M.
Y, misteriosamente, muchas marcas comienzan a trabajar con esas personas cuando se operan o bajan de peso. Eso le entrega al cliente un mensaje claro: la visibilidad solo existe cuando eres hegemónico o tu cuerpo es lo que a mí me parece correcto. O peor aún: mi marca no está hecha para ti.
No voy a negar que hay campañas que funcionan con creadores de contenido hegemónicos, rubios, de estrato social alto. Es lógico: todos quieren seguir a la persona “de moda” o su aspiracionalidad. Pero el problema es la responsabilidad que eso implica.
Las adolescentes de cuerpo grande que van con su amiga talla S a comprar, vuelven a su casa sin nada -y, de paso, sin autoestima-, sintiendo que no valen lo mismo que quien sí pudo comprar, o empezando a investigar sobre dietas, ayunos y restricciones a los 15 años… eso también es parte de esta industria.
Creo que el retail puede hacer el esfuerzo: invertir en esos centímetros extra para no seguir generando un daño que muchas mujeres arrastramos hasta la adultez. Y digo mujeres porque, siendo honesta, no veo el mismo problema cuando se trata de incluir hombres: hay espacio para comediantes, creadores de contenido de comida, podcasters, entre otros, de corporalidades mucho más grandes que las de las mujeres.
Imagínate si una mujer grande se dedicara a crear contenido de comida sin que todo gire en torno a su cuerpo… arde Troya.
Independiente de que esta es una realidad del presente, no quiero que se vayan con el gusto amargo de que no podemos cambiar esto. Encuentro un tremendo paso que Vogue haya estudiado este tema, sobre todo siendo la revista que impone muchos de estos ideales.
Así que, si ellos notaron algo, nosotros también podemos hacerlo y hablarlo. Como dicen por ahí, el lenguaje crea realidades, y nada me gustaría más que la realidad de poder vestirnos como queremos: tranquilas, cómodas, fashionistas o no, y poder hacerlo sin importar nuestra talla.
Así que, por favor, marca amiga: si a ti te interesa vender hasta en el último rincón de Chile, no hay espacio para seguir avalando este tipo de pensamiento. La diversidad de cuerpos es tan grande como nuestro país.
No importa si quien está a cargo tiene una forma de pensar totalmente retrógrada: la industria de la moda es un negocio y su principal eje es vender. El planteamiento no es si la moda puede ser inclusiva; la pregunta es hasta cuándo va a seguir eligiendo no serlo, porque, por lo visto, claramente no le conviene.
Los cuerpos ya están. Las personas ya están. La demanda ya existe. Lo único que falta es que la industria, de una vez por todas, deje de tomar decisiones con los ojos cerrados.