Matrimonios, cenas familiares, reuniones de oficina y celebraciones con amigos comienzan a llenar la agenda. Aunque son momentos que solemos asociar con alegría, después de un año de responsabilidades, no siempre tenemos la energía ni las ganas de participar en todos los panoramas.
Se acerca fin de año y, con él, comienzan a llegar las invitaciones. El matrimonio de una amiga, la fiesta de la oficina, la cena con los compañeros de trabajo y esa reunión familiar a la que hace meses prometimos asistir.
Aunque muchas de estas celebraciones pueden ser entretenidas, no todas esperamos esta época con el mismo entusiasmo. A veces, después de meses de trabajo, responsabilidades y rutinas exigentes, lo único que realmente queremos es llegar a casa, descansar y disfrutar de un momento para nosotras.
Y es que, cuando todas las semanas aparecen nuevos compromisos, incluso los panoramas que deberían hacernos felices pueden comenzar a sentirse como una obligación.
Cuando nuestro tiempo libre termina siendo para los demás
Durante el año distribuimos nuestro tiempo entre el trabajo, la familia, la pareja y las responsabilidades personales. Sin embargo, hacia los últimos meses, los compromisos sociales suelen multiplicarse.
Una semana tenemos una cena con nuestros amigos, la siguiente una celebración con la familia de nuestra pareja y después un matrimonio que ocupa prácticamente todo el fin de semana.
El problema no siempre es la celebración, sino sentir que nuestro tiempo libre está organizado alrededor de las expectativas de otras personas.
La presión de tener que pasarlo bien
A esto se suma otra expectativa: si estamos en una fiesta, deberíamos estar felices, conversar, bailar y disfrutar cada momento.
Pero ¿qué pasa cuando estamos cansadas, no conocemos a casi nadie o simplemente no tenemos ganas de socializar?
Y cuando sentimos que debemos divertirnos por obligación, la experiencia puede terminar siendo muy distinta de lo que imaginábamos.
Elegir descansar también puede ser un buen panorama
Esto no significa que debamos rechazar todas las invitaciones ni dejar de compartir con quienes queremos.
Se trata de elegir las celebraciones que realmente nos entusiasman y que son compromisos importantes para nuestros seres queridos, aceptar que no podemos estar en todas partes y reservar algunos momentos para nosotras.
También podemos asistir durante un rato, conversar con nuestra pareja sobre cómo distribuir los compromisos o simplemente decir que esta vez preferimos descansar.
Porque después de un año lleno de responsabilidades, quizás uno de los mejores regalos que podemos hacernos es recuperar un poco de nuestro tiempo, sin sentir que tenemos que justificar cómo decidimos disfrutarlo.