¿Por qué volvemos a querer vestirnos de colores cuando llega la primavera?

Con el cambio de estación también cambia nuestra relación con la ropa. Después de meses de tonos oscuros y capas, aparecen las ganas de usar colores, estampados y prendas que habían quedado al fondo del clóset.

Créditos: Getty Images

Hay algo que pasa todos los años cuando llega la primavera: de pronto el negro ya no parece la única opción. Aparecen los rosados, amarillos, celestes, verdes y naranjas; volvemos a mirar esos pantalones que no usamos hace meses y hasta una polera de color puede sentirse como una novedad.

Pero, ¿por qué pasa?

Una parte tiene que ver con algo bastante simple: la ropa también cambia según el entorno. Después de meses de días más fríos, con abrigos, sweaters y tonos más oscuros, el aumento de la luz y las temperaturas hace que prendas más livianas y coloridas vuelvan a tener espacio en nuestro día a día.

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Y no significa que exista una regla que diga que en primavera hay que vestirse de colores. De hecho, el negro, gris o café siguen funcionando perfectamente. La diferencia está en que, con más opciones disponibles, muchas veces aparece también la curiosidad por probar algo distinto.

El color además puede ser una forma sencilla de cambiar un look sin tener que renovar todo el clóset. Un pantalón verde, una cartera roja, un pañuelo estampado o incluso unos zapatos de un tono inesperado pueden transformar una tenida que ya conocemos.

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Quizás por eso la primavera tiene algo de ritual de estilo: no necesariamente queremos comprar ropa nueva, pero sí volver a mirar la que ya tenemos con otros ojos.


Y si hay una buena excusa para hacerlo, que sea esta: sacar del clóset ese color que llevamos meses esperando volver a usar.


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