Cintillo, labial rojo y gafas: La fórmula de belleza de Carolyn Bessette-Kennedy
Entre maquillaje mínimo, accesorios discretos y líneas limpias, Carolyn Bessette-Kennedy construyó una estética que todavía se revisita cuando se habla del minimalismo de los años 90.
Más de dos décadas después de su muerte, Carolyn Bessette-Kennedy sigue apareciendo en moodboards, archivos de moda y referencias estéticas.
Su nombre suele asociarse al minimalismo de los años noventa, pero su imagen no se construía solo desde la ropa. También había una lógica clara en su forma de entender la belleza a través de pequeños gestos repetidos con consistencia.
Lejos del maquillaje cargado o de los accesorios protagonistas que dominaban la década, Bessette-Kennedy prefería una estética contenida. Su fórmula era simple, se basaba en pocos elementos, elegidos con precisión, que funcionaban casi como un uniforme personal.
El cintillo
Uno de los detalles más recurrentes en sus fotografías es el cintillo grueso, generalmente negro. Lo llevaba tanto con el pelo suelto como en recogidos bajos, ayudando a despejar el rostro y mantener la línea limpia que caracterizaba su estilo.
Era un accesorio funcional y discreto que aparecía constantemente en su día a día, reforzando esa estética ordenada y minimalista.
El rubio mantequilla
Su cabello también formaba parte de esa fórmula. El tono que llevaba, muchas veces descrito como “butter blonde” o rubio mantequilla, era suave y natural, lejos de los rubios extremos o platinados.
Ese color aportaba luz al rostro sin endurecer los rasgos, manteniendo la sensación de naturalidad que dominaba toda su imagen.
El labial rojo
El maquillaje de Bessette-Kennedy era generalmente mínimo. Sin embargo, en ocasiones incorporaba un labial rojo profundo que contrastaba con sus looks neutros.
Se cree que el tono podría haber sido el Cranberry Veil de Face Stockholm, una teoría difundida por la escritora Jane Cat Marnell.
El moño bajo
Otro gesto recurrente en su imagen era el moño bajo. Coletas simples o moños en la nuca que reforzaban esa sensación de control y sobriedad que caracterizaba su estilo.
Nada de peinados elaborados ni volumen excesivo, su cabello se mantenía pulido, alineado con la estética limpia que repetía en su forma de vestir.
Las gafas ovaladas
Sus gafas de sol ovaladas aparecen con frecuencia en fotografías tomadas en Nueva York durante los años 90. De líneas suaves y discretas, se convirtieron en un elemento habitual de su estilo cotidiano.
Uno de los modelos más asociados a ella proviene de la boutique neoyorquina Selima Optique, conocida por sus monturas hechas a mano.
El perfume
Su fragancia era el Egyptian Musk Oil de Abdul Kareem, un almizcle limpio que compraba a vendedores callejeros en Nueva York. Se dice que ese aroma incluso inspiró el perfume “For Her” de su amigo, el diseñador Narciso Rodriguez.
En una década marcada por el maximalismo, su estilo parecía construirse desde la edición. Cada elemento tenía un propósito y nada parecía estar de más.
Esa combinación de simplicidad, coherencia y repetición es, probablemente, lo que hace que su imagen siga resultando tan reconocible décadas después.