El paso de tu rutina de belleza que probablemente estás olvidando: limpiar tus brochas

Aunque las usamos casi todos los días, muchas veces olvidamos que nuestras brochas también necesitan una limpieza regular. Mantenerlas en buen estado no solo ayuda a conseguir un maquillaje más uniforme, sino también a cuidar la salud de nuestra piel.

Créditos: Getty Images

Podemos dedicar varios minutos a nuestra rutina de cuidado facial, elegir buenos productos de maquillaje y preocuparnos de desmaquillarnos antes de dormir. Sin embargo, hay un detalle que muchas veces pasamos por alto: la limpieza de las brochas y esponjas que utilizamos diariamente.

Con cada uso, estas herramientas acumulan restos de maquillaje, grasa, células muertas y microorganismos que pueden terminar nuevamente sobre nuestro rostro.

¿Cada cuánto debemos lavar nuestras brochas?

Según la Academia Estadounidense de Dermatología (AAD), lo recomendable es lavar las brochas de maquillaje cada 7 a 10 días, especialmente si las utilizamos con frecuencia.

Pero no todas los tipos de brochas necesitan los mismos cuidados. Las esponjas, por ejemplo, deben limpiarse después de cada uso, ya que absorben productos y humedad, condiciones que pueden favorecer la proliferación de microorganismos.

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¿Por qué es tan importante mantenerlas limpias?

Más allá de la higiene, utilizar brochas sucias puede favorecer la aparición de granitos, irritaciones e incluso infecciones cutáneas.

Además, cuando las cerdas acumulan demasiado producto, pueden dificultar una aplicación uniforme.

Esto se nota especialmente al difuminar la base, el rubor o las sombras, ya que los restos de maquillaje pueden mezclarse con los nuevos colores.

Mantenerlas limpias también ayuda a conservar sus cerdas en mejores condiciones.

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Cómo limpiar tus brochas sin dañarlas

No necesitas productos costosos ni herramientas especiales. Basta con utilizar agua tibia y un champú de bebé suave para retirar los residuos acumulados, masajeando delicadamente las cerdas hasta que el agua salga limpia.

Es importante evitar sumergir completamente las brochas, ya que el agua puede debilitar el pegamento que une las cerdas al mango.

Después de lavarlas, retira el exceso de humedad y déjalas secar horizontalmente sobre una toalla limpia, idealmente con los pelos sobresaliendo del borde de una superficie.

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Incorporar este pequeño hábito a tu rutina semanal puede marcar una diferencia tanto en la aplicación del maquillaje como en el cuidado de tu piel.


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