Día Mundial de la Alimentación: claves de una experta para construir una mejor relación con la comida
Comer no es solo elegir qué poner en el plato. También intervienen el placer, las costumbres, las emociones y las señales del cuerpo. En el Día Mundial de la Alimentación, tener una buena relación con la comida también significa poder comer con flexibilidad, sin culpa y escuchando lo que el cuerpo necesita.
Hablar de una alimentación saludable suele llevarnos rápidamente a pensar en nutrientes, porciones o alimentos específicos. Pero la relación que construimos con la comida también importa.
Para la psicóloga Camila Morales, una de las claves está en recuperar la capacidad de escuchar al cuerpo y alejarnos de una forma de alimentarnos dominada por reglas demasiado rígidas.
“Eso es lo que más buscamos: flexibilidad y variedad alimentaria. En base a eso, uno escucha su cuerpo”, explica.
¿Cuáles son las señales de alerta?
La relación con la comida puede comenzar a volverse problemática cuando aparecen conductas como sentir que debemos “ganarnos” una comida, compensar después de comer, eliminar alimentos sin una razón médica o castigarnos por lo que elegimos.
Parte de esas ideas, explica Camila, no siempre responde a lo que nuestro cuerpo necesita, sino a mensajes que hemos aprendido sobre cómo supuestamente deberíamos alimentarnos.
“Obviamente que te vas a sentir culpable si te comes una hamburguesa porque eso ha sido algo que te han enseñado a sentir”, señala.
También puede ocurrir que ciertas conductas restrictivas se presenten como hábitos saludables cuando, en realidad, continúan respondiendo a reglas externas. “Se disfraza un poco como de hábitos saludables cuando en verdad no lo son, sino que simplemente suelen seguir las reglas (...) que la cultura de dieta nos ha enseñado”.
¿Cómo construir una relación más saludable?
Un primer paso puede ser dejar de dividir constantemente los alimentos entre “buenos” y “malos”. La idea no es ignorar el valor nutritivo de los alimentos, sino relacionarnos con la comida desde un lugar menos cargado de culpa o castigo.
La psicóloga recomienda volver a preguntarnos qué necesita realmente nuestro cuerpo antes de restringir algo y observar si esa decisión nace de una necesidad propia o de una exigencia aprendida.
Tener una buena relación con la alimentación tampoco significa comer “perfecto”. Implica dejar espacio para la variedad, el disfrute y la flexibilidad, entendiendo que alimentarnos también forma parte de nuestra vida cotidiana y no debería convertirse permanentemente en una fuente de culpa.