¿Por qué cada vez queremos más quedarnos en casa? El auge del “nesting”
Pedir comida, ponerse el pijama, ver una serie y pasar horas en casa ya no siempre significa que no tengamos panorama. El “nesting” convirtió quedarse en casa en una forma de descanso y bienestar.
Hubo un tiempo en que decir que no tenías planes para el fin de semana podía sentirse casi como una confesión. Había que salir, juntarse, conocer lugares nuevos, ir a una fiesta o simplemente tener algo que contar el lunes.
Pero algo cambió. Cada vez parece existir más placer en cancelar un panorama, ponerse ropa cómoda, pedir algo rico y quedarse en casa.
Esta tendencia tiene incluso un nombre: nesting, un concepto que se utiliza para describir el deseo de pasar más tiempo en casa, creando un espacio cómodo y agradable en el que descansar.
Cuando quedarse en casa se convierte en el panorama
El nesting no necesariamente significa aislarse o no querer ver a nadie. Muchas veces se trata simplemente de disfrutar el hogar como un lugar de entretenimiento y descanso.
Una noche cocinando, invitar amigos a comer, ver una película, leer, ordenar el clóset, hacer skincare o simplemente no hacer nada también pueden convertirse en planes.
Y ahí está una de las diferencias: quedarse en casa dejó de ser necesariamente “no tener nada que hacer”.
Las redes sociales también han ayudado a transformar esta idea. Videos sobre decoración, recetas, organización, velas, pijamas, skincare y rutinas nocturnas muestran el hogar como un espacio en el que vale la pena invertir tiempo y energía.
El hogar como refugio
Parte del atractivo está en la comodidad. Después de jornadas largas, traslados y semanas llenas de obligaciones, estar en casa permite controlar el entorno: elegir qué comer, qué ver, qué escuchar y cuándo dormir.
También existe una dimensión más estética. El auge del diseño de interiores, la decoración y las rutinas de bienestar ha hecho que nuestro hogar sea cada vez más una extensión de nuestra personalidad.
Ya no se trata solamente de tener una casa ordenada. También queremos que huela bien, que sea acogedora, que tenga nuestra música, nuestras plantas, nuestros libros y ese sillón en el que podríamos pasar toda la tarde.
¿Ya no queremos salir?
No necesariamente.
El auge del nesting no significa que las personas hayan dejado de disfrutar salir. Más bien, parece convivir con una nueva valoración del tiempo de descanso y de los planes de menor intensidad.
Después de una semana llena de compromisos, quizás una noche en casa puede sentirse tan atractiva como reservar una mesa en el restaurante de moda.
Y eso también explica por qué conceptos como “self-care”, rutinas nocturnas y bienestar en casa han ganado tanto espacio en nuestra cultura cotidiana.
La nueva pregunta del viernes
Quizás antes la pregunta era: “¿Qué vamos a hacer este fin de semana?”
Ahora también puede ser: “¿Podemos no hacer nada?”
Y quizás esa sea justamente la gracia del nesting: entender que quedarse en casa no tiene por qué ser el plan B.
A veces, el mejor panorama es cerrar la puerta, ponerse cómodo y disfrutar de nuestro propio espacio.